viernes, 21 de mayo de 2010
Cuando.
Cuando el todo se conforma con ser nada
Cuando el calor de un abrazo se muere de frío
cuando la sonrisa se esfuma y parte cansada
Y si la luz de alba ya no toca mi cama
Cuando mirando una estrella yo me hecho a morir
y si la sombra que cargo se apodera del alma
Cuando muriendo despierto me hecho a reir
Cuando la pasión entra en coma
Cuando lo que más se valora pierde su sentido
Cuando el amar se agota
cuando al final del tunel comienza el fin del camino
Cuando cada recuerdo pasa lento y en dos colores
cuando ese beso se volvió más fácil de dar
Cuando las palabras se vuelven atadores
Cuando el corazón lo que quiere es escapar.
Cuando la mirada se vuelve perdida
Y la nostalgia se apodera del andar
Cuando la otra mitad se ve partida
Y la melancolía invade su lugar
Cuando ansio tu llamada en desvelo
Cuando muero un poco cada segundo que no estas
Cuando necio y vacio camino siguiendo tu reflejo
Cuando quisiera escuchar lo que nunca dirás
Cuando volteo a mirar sin quererlo
Cuando espero lo que no va a llegar
Cuando escribo sin querer hacerlo
Y termino sin querer terminar
viernes, 15 de enero de 2010
El recuerdo de un pasado latente.
Y cada hora de este domingo que se demora
Y cada sueño de este desvelo que se prolonga
Esta amargura sin cura, remedio ni calmante.
Aquella mala costumbre llamada extrañarte
Dicha nostalgia que me toma como rehen diariamente
Aquella mala manía de verte en todas partes
Este burdo Absurdo de inmortalizarte en cada verso
ese trajín de correr el mundo y buscar el pasado
Esta mala costumbre de materializarte en cada objeto
esa falsa alarma de creer hallado lo buscado.
Este delirio llamado cariño que cada instante se consolida
estas ganas locas de verte al menos por equivocación
Esta suerte de juego de azar llamado vida.
estas manos que mueren y viven por tenerte como tentación
Y mientras más lo intento menos lo consigo
..Esta ansiedad de no tenerte y tanto buscarte
Y mientras menos lo pienso más de ti escribo
..Esta locura y desenfreno, llamado; necesitarte.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
El eterno observador. (primera parte)

En el fondo sabía que al culminar el acto al amanecer; envuelto entre aquellas cómplices sábanas, extasiado y perplejo por sentir aquel sublime cansancio, tendría que verla con aquella mirada esquiva, dando señas de no volver jamás. Incluso sabiéndolo de antemano, prefería no pensar en su partida, para el era suficiente escucharla reír, sentir aquella arma infalible llamada susurro y dejarse morir contemplando esos ojos cuantas veces sea necesario, hasta poder dejar de necesitarla, aunque eso sería lo más improbable.
Se había prometido mil veces no derramar ni una sola lágrima más, pero era comprensible, puesto que, sólo alguien de la belleza y perfección de Lucía podría ocasionar un dolor tan acogedor.
Quiso pensar en lo acontecido un poco más, aferrarse a ese dulce recuerdo y al ligero aroma que bien conservaba la almohada y se colaba para alborotar, aún más, todo su ser.
¿Cómo es posible que logres quedarte de esta manera, tan dentro de mi, incluso después de haberte marchado?, reflexionaba, mientras el agua de la regadera asesinaba toda evidencia de fatiga y todo rastro de la noche anterior.
Se secaba con brusquedad como queriendo arrancarse de la piel el dolor de no tenerla cerca, aunque sabía sería inútil, ella se quedaría inmersa en su ser como tantas veces lo había hecho ya, sin que él pudiera hacer más que tratar de acostumbrarse, para luego disfrutarlo, y valla que lo disfrutaba.
Eran las 9 de la mañana y el sol decidió marcharse y, con esto, seguirle los pasos a Lucía. Llegaba el primer café de lo que sería la mañana más fría y desoladora de aquel Enero.
El trabajo le quedaba cerca y el café tendía siempre a abrir a las 10 de la mañana, tuvo tiempo para fumarse un cigarrillo, hace años que venía prometiéndose que lo dejaría, y ciertamente lo dejaba cada noche antes de irse a dormir. Caminaba como por inercia con una expresión meditabunda en el rostro; observando sus pasos, contando las cuadras y ansioso por llegar, aunque bien sabia, nadie lo esperaba.
Sintiéndose hastiado empezó a acelerar el paso, queriendo explotar, queriendo desaparecer, Sin mirar por donde iba y dando pasos torpes como un ciego entre la multitud. El vértigo de la caminata lo hizo frenar del golpe, había llegado a su destino.
Al ingresar por la puerta de atrás la primera persona en saludarlo fue Romina, una chica bajita, con un cuerpo suculento, lleno de ejercicios y un ánimo envidiable.
Romina era de esas personas que siempre tenía una sonrisa enorme, desesperante y, en ocasiones, fingida.
-¡Hay! tontito tú siempre tan puntual, acuérdate que esta noche es mi cumpleaños y no puedes faltar en mi reunión eh, ¿Vendrás, verdad?- preguntó Romina extasiada y ansiosa de respuesta; abriendo los ojos como una desquiciada, con ese tono desesperante y su infaltable enfermiza sonrisa.
-Claro, cuenta conmigo, iré como a las 11, si no te parece mal- Contesté presuroso, con un tono de nerviosismo, pues sabía jamás iría ni a su cumpleaños, ni a cualquier otra actividad en la que estuviera incluida ella.
-Pero es en serio tontito, Y claro lo digo porque tú nunca vas a las reuniones, a veces no entiendo porque siempre eres tan aburrido, debes salir y divertirte, dejar de ser tan serio. Y además ¿Qué mejor ocasión que mi cumpleaños, no? -
Esbocé una ligera sonrisa, hipócrita y malhumorada, mientras ese pedacito de cuerpo se marchaba a la cocina dando brincos, con ese humor tan nauseabundo que, bien sabía, jamás podría tener yo. –
No pude evitar imaginarla como un cuy huyendo de su depredador, tan pequeña y presurosa ella.
Reflexioné un par de minutos sobre lo conversado con Romina. No pude evitar sentirme bien por su invitación, sentí, por un pequeño momento, un calido sentimiento por ese gesto de preocupación, de interés. No supe con exactitud como definirlo, supongo que algunos le dirían amistad. Fue raro y lindo, luego reí al pensar lo irónico que fue aquel momento, puesto que jamás hubiera imaginado sentir algo así y mucho menos por Romina.
Razón no le faltaba, jamás iba a reuniones y menos de gente del trabajo, mi vida se había convertido en una rutina constante; las clases en la universidad, los paseos por el parque los domingos, fumar, el café y el soñar y supirar por Lucía. Lucía… No pude evitar recordarla; su sedoso cabello castaño, esa piel tan suave que poseía un aroma indescriptiblemente delicioso.
Me proyecté al momento exacto en que nuestros labios entremezclados no podían pronunciar palabra alguna, la sentía cerca, revivía en mi mente cada minuto a su lado, era lo suficientemente real como para no querer despertar jamás, como para aferrarse eternamente a esa visión.
Por la forma como nos conocimos, a veces me gusta pensar que debía suceder exactamente así. Ese momento exacto, las palabras precisas, los escenarios previstos, el tiempo adecuado; todo un designio que conjuro que estuviésemos ahí y no en otro lugar, un designio hecho para nosotros. A partir de conocerla comprendí que quizás a eso le llaman destino y quizás la vida no era meramente una serie de accidentes o coincidencias sin sentido, como hasta ese momento solía creer, no lo sabía con precisión. Lo único que sabía es que sin duda ella lo cambiaría todo para siempre.
Desde que la vi por primera vez, en la biblioteca de la universidad, supe que sería el comienzo de algo interminable e Irreal- no hacía más que observarla, recuerdo bien- contemplaba con paciencia su risa y esa forma peculiar de movilizarse como si anduviera perdida siempre sin saber ni dónde ni cuándo, ni cómo ni por qué. No podía fijar la mirada en otra cosa que no fuera esa figurita, su figurita tan peculiar, que se movilizaba por toda la biblioteca preguntando por aquel libro o aquel autor. Siempre curiosa y despistada, siempre solucionando todo percance o mala cara con una sonrisa inocente, un destello de luz único.
Vino a mi mente el preciso instante en que por vez primera pude conocerla, y claro que no fue como esperaba, fue mil veces mejor. Aquél Día sábado cuando comenzó, formalmente todo, no entendí que es lo que me llevó a conocer a Lucía pero horas después comprendí que sería inevitable, y sería el fin de mi vida como hasta ese entonces creía conocer.
Estaba preciosa, la observaba fijamente atónito por la forma como se desataba el cabello, perdiendo la razón en cada movimiento que su perfecta figura realizaba al ritmo de la música, perdiendo la ilación del tiempo con cada coro que entonaba con un frenesí único y particular.
Era noche y yo moría por esos labios carnosos, que remojándose en el vodka de naranja parecían insaciables e incontenibles de alcohol. Lucía espontánea cantaba con los ojos cerrados como bailando en su mente, con ese infaltable cigarro en su mano izquierda, desenvuelta sin importarle nada más.
Yo temblaba y dudaba mil veces cada oración antes de pronunciarla, sin duda estaba muerto de miedo y aún más muerto por ella, si no hubiera sido por la música y el movimiento natural del lugar, quizás ella lo hubiese notado, aunque en el fondo sospecho, siempre lo supo.
Recuerdo que en ese momento por más que traté de contenerme, y aunque bien sabía el silencio, como era de esperarse, sería su primera reacción, no pude evitar caer en el absurdo de ser yo mismo, y con esto, preguntarle a Lucía lo único que sabía no se dignaría siquiera a responder, aquella incógnita que guardaba para mi soledad.
Apuré la bebida de un sorbo sin que se percatara de mi nerviosismo y exento de más dudas pregunté;
- ¿Podrías prometer que serás mia por siempre?- Dije, desanimado con tono nostálgico, como anticipándome, como esperando el fin.
Quise con todas mis ganas poder seguir recordando lo siguiente, cuando de pronto escuché aquella voz tan chillona que gritaba y reía como una hiena siendo ultrajada por algún robusto animal;
-¿Se puede saber qué esperas?, esas tazas no se van a lavar solas, estas parado mirando el techo sin nada mejor que hacer – Exclamó risueña y sarcástica, pretendiendo ser seria, Romina, mientras yo con los ojos más abiertos que nunca, queriendo ser ese robusto animal y eliminarla para siempre, comprendía porque la odiaba tanto, porque su sola presencia enervaba todo mi ser y porque era seguro que jamás duraría más de cinco segundos aquel calido sentimiento que para ese instante se había transformado en un deseo constante de homicidio.
viernes, 15 de mayo de 2009
Es el mejor tipo mi viejo.
Me ha tomado tiempo darme un tiempo, para escribir algo que pueda servir como catarsis y a la vez en honor a tu memoria.
Mi papá no fue el mejor papá, fue mucho mejor que eso, por eso cuando me animé a escribirte algo, después de tanto tiempo, fue porque sentía que ya tenía las palabras exactas y los recuerdos precisos.
Han sido dos meses desde que te fuiste, han pasado volando, lo que sigue pasando en camara lenta, al cerrar los ojos, son cada uno de los momentos que viví contigo, cada experiencia nueva, cada caida que tuve y cada alegría que a tu lado pasé. Me siento orgulloso de haber tenido la oportunidad de haber convertido a mi papá en mi amigo.
Cada día que voy a la universidad me acuerdo cuando me llevabas pisando acelerador, todo con tal de que llegue temprano, te importaba demasiado que aprenda a ser puntual. Gracias a ti ahora lo soy, no olvidaré jamás todo lo que significaste para mi, de lejos eres una de las pocas personas que podía arrancarme tanta carcajadas.
Te debo todo lo que soy, y tengo una deuda pendiente contigo, la cual quizas nunca salde, porque tú me enseñaste que siempre se puede hacer más, que siempre podemos ser mejores, el hacerte orgulloso será una tarea sin fin, que termine y empieze de nuevo cada día.
Te extraño muchisimo viejo, pero no de una forma triste y melancólica, sino con alegría, porque sé que si no lo hiciera así estaría yendo en contra de lo que tanto te esmeraste por hacerme entender, la vida es una fiesta y tú lo sabías mejor que nadie.
El cielo es el único lugar después de la vida en la tierra donde aún se toca música, ese sonido inconfundible que le sacabas a cada trompeta nueva lo llevaré tatuado e inmerso en mi por toda la vida.
Fuiste un grande en todo sentido, un gran músico, un gran amigo , un gran esposo y un mucho mejor padre. Y es que aunque a veces quisiera poder tener una última conversacion contigo, me llevo el recuerdo de que hasta el último momento estuvimos juntos, y eso será así siempre.
Incluso en mi último cumpleaños en el cual ya te sentías cansado te preocupaste por ir y comprarme las cajas de cerveza que siempre me dabas sin pedírtelo, incluso cansado hiciste lo mismo que todos los años, darme el mejor regalo, tu presencia y tu alegría.
El último día que estuviste con nosotros me diste un abrazo que hasta ahora yo siento interminable, pudiste decirme lo que me querías y lo orgulloso que te hacía, jamás olvidaré que hasta el último instante te esmeraste por seguir de pie demostrando lo que es vivir al máximo.
Marcaste en cada persona que te quiso una alegría diferente, una chispa que te hacía único, esa chispa es la que jamás podrá apagarse, ni en el corazón de quienes te amaron, ni en la memoria de quienes amaste.
Gracias viejo, por ser tanto en mi vida, por haberme dado tantas alegrías y tantas enseñanzas, gracias a ti estoy seguro que lograré cada reto que me propongo, y lo sé porque tú lo hiciste y porque además sé que estarás guiando mis pasos.
Gracias por permitirme tener el mejor ejemplo de vida, y por permitirme equivocarme y por mi cuenta aprender de eso, tengo tu voz rondando cada espacio de mi mente, tu risa rondando en cada parte de mi corazón, y te tengo a ti en todas partes, porque cada triunfo que celebre será celebrado por ti también, por que en cada obstaculo que se venga estarás tú con alguna de tus frases, dándome la pausa y la motivación que necesite para seguir.
Finalmente, gracias por TODO, no encuentro ninguna palabra para resumir lo que fuiste, ni para resumir cuánto te agradezco el haberme apoyado incondicionalmente, y cómo tú dirías, nada se termina, sino que todo comienza otra vez.
Comenzaré todos los días siguiendo cada uno de tus mejores consejos y terminaré este agradecimiento con puntos suspensivos, porque jamás terminaré de agradecerte lo grande que fuiste para mi y para quienes siempre te amaremos, hoy, siempre y por toda la vida juntos cholo . . .
jueves, 18 de diciembre de 2008
El ir y Venir.
No hay distancia que se atreva
A juntar tanto hastio
Entre mi sueño y tu llanto
No existe sonido que pueda
Imitar tan melancolico canto
Entre tu maleta y mi almohada
Sueñan y viajan ;
Despedidas de estación
Golpes de lleno al corazón.
Entre mis suplicas y tus excusas
Caen y vuelan posibilidades
Entre mis peros y tus amarguras
Caen y truenan tantas verdades
Entre mis intentos y tus huidas
Mueren y reviven
Mil ilusiones perdidas.
Entre colillas y vidrios
Entre la puerta y la cama
Suenan ya los martirios
De un esperanza muerta, De tu mala resaca
Entre mis recuerdos y tus fotografias
Se presenta la más absurda condición
Extrañar tus malas manias..
Desear que nadie pase por lo que yo.
Entre tus sueños y tus pesadillas
Se presenta la más sublime situación
Extrañar mis actitudes mas sensillas...
Desear que yo caiga de nuevo en tu tentación.
Nos tomará más tiempo del debido.
Entender como actúan las absurdas comedias
Un final no consentido.
Una historia triste, una historia de esas.
Entre lo que escribo la última letra..
Y tu dás el último seco certero.
Comienza la regresiva cuenta..
Que hoy sin quererlo llegó a cero.
jueves, 9 de octubre de 2008
Tu recuerdo, un ligero viento en el pelo
Suena el tic tac ensordecedor e inoportuno, despertando cada alma de las aledañas habitaciones solitarias.
No quería dejar de soñar, sin embargo, el apabullante clima me obligaba a entrar en aquel estado meditabundo y somnoliento; aquel estado perfecto que me hacía creer que seguías aqui, cuando ya te habías marchado.
Era temprano para levantarse, pero como nos pasa a menudo, ya era tarde para sueños, ya era tarde para ti.
Se nos hizo una rutina tan sublime ;
Cada fin de semana tu empacas maletas dejando con cierta tristeza aquella tierra, la tierra de los sueños, emprendiendo una travesía hasta esta habitación.
Cada fin de semana yo alistaba mis penas dejando con gran alegria aquellas tristezas que me embargaban sin ti, aquellos sentimientos funebres que con tu llegada no eran más que felicidad, apenas podía creer todo lo que este cuento de hadas ha durado, apenas puedo creer que ayer noche estuviste tan cerca, y hoy tan lejos.
Decidí cerrar los ojos, pensando que estaba sumergido en un sueño, un sueño que quizás se había vuelto pesadilla, y por inercia absurda, pensé que al abrirlos se esfumaría tanto horror y seguiría a mi lado. Y era cierto, Casi tenía razón; no estabas aqui, no era un sueño, era mucho peor, era una vida hecha pesadilla.
Suena la tirada de puerda cruel y abrumadora, despertando cada alma de las aledañas habitaciones solitarias.Una señal clave de tu partida, una partida llena de desesperación e incertidumbre, una incertidumbre de no saber si volverás.
Pasé algunos minutos más tratando de dormir, no sé con exactitud si era para soñar despierto o para asimilar los sonidos que anunciaban el adios.
Alisté el desayuno, mientras observaba los boletos de avión, la hora de despegue. Me dispuse a escribir lo de siempre; la dulce noche que terminó en amargo tormento, la cruel despedida que antes fue copada de besos llenos de amor, cada vacio que dejaba el tiempo solitario que horas antes tu llenabas con aquella sonrisa que alumbraba cada rincón de la habitación.
No sabía bien que hacer, daba vueltas entre mi desorden interno, que era reflejado claramente en el desorden de la habitación, aquel desorden que dejaba tu partida. Un ligero viento que me dió de lleno en la cara me cegó completamente, en ese leve instante no pude ver más que tu sonrisa, nuevamente alumbrando cada rincón, alumbrando la sombra que cargaba por no saber que hacer cada vez que te marchabas. Los boletos de avión aparecieron en la mesa, y como por inercia absurda, fue lo primero que logré apreciar de la habitación, después de aquel viento, que parecía mágico.
Pensé que ya se estaba haciendo costumbre, que ese viento siempre me rescatase del adios definitivo. Pensé que esta vez tendría el valor para subirme al avión, ir detrás de ti sin dudarlo como siempre, dejando lo poco que tenía, lo poco que con tu llegada se convertía en lo único que necesitaba.
¿Y qué podía perder esta vez? . Ciertamente, ya estaba cansado de ser un alma esperando todo de ti, entregando lo poco que tenía, esperando que alguna vez, como por cosas del destino, te quedarás para siempre en esta habitación que sin ti no era más que oscuridad. Pero yo lo sé mejor que tu, era injusto pedirte que te quedes.
¿ Porqué deberías ser tu quien alumbre mis días, y no ser yo quién valla tras tu luz? Inconcientemente, siempre supe lo injusto que era, la cobardía que me acompañaba, el temor de caer si me atrevía.
Esta vez seré yo quien valla tras ella, me decía con emoción y convicción.
No hice maletas, todo lo que necesitaba se encontraba en ese avión, solo cargué con una foto donde sonreías, sabía que si pensaba en desistir aquella foto me haría en un instante convencerme de tan trillada, y a la vez, perfecta decición.
Cogí el sobre cerrado en el cual m dijsite que se encontraban los boletos de avión, decidido a esta vez viajar a tu lado e irnos para siempre de esta ciudad que no nos dejaba sonreir. Me apresuré pues sabía el avión no sería lo paciente que fuiste tu al esperar tanto, en vano, según dijiste está mañana
Baje las escaleras con desesperación y rapides, inmerso en la confución y la emoción, despertando cada alma de las aledañas habitaciones, que esta vez parecían despedirme y parecían ya no estar tan solitarias.
El primer taxi se negó a llevarme, era el único de la calle, desesperado comenzé a correr; pensando que quizás encontraría uno a la vuelta de la esquina.
Por la desesperación, cai abruptamente en el suelo, el sobre se despegó de mis manos al momento de la caida. Cuando estaba en el suelo pensé en desistir, sin embargo, decidí abrir el sobre, pensando que quizás los boletos de avión me harían recapacitar.
Esta vez no había boletos, como antaño, cada fin de semana que venías a convencerme de irnos juntos a aquella ciudad, que describias de forma tan maravillosa, estaba acostumbrado a ver los boletos con ironía y tristesa, sabiendo que no haría, lo que hoy me atrevía a hacer.
En el sobre sólo había una carta que leí en voz alta.
" Seguramente esta vez no podrás ver los boletos con tristeza e ironía, seguramente piensas que el próximo fin de semana volveré a la habitación a tratar de convencerte, seguramente te haz acostumbrado a tenerme siempre sin hacer mayor sacrificio que amarme. ¿Pero sabes?, eso no basta, al principio me mantenía aferrada todo el amor que me tenías, pero después de tan maravillosa noche, quizás la mejor de todas. Pensé y Pensé mucho. Nunca fue justo, nunca pensaste en mi, quizás nunca me amaste como pensé y nunca me amaste como piensas.
Seguramente, piensas que es una locura de momento, y que el próximo fin de semana nos veremos, seguramente sigues en la habitación contando los días para verme. No sé con exactitud cuantas veces te pedí que vinieras conmigo, no sé cuanto tiempo lo intenté. ¿ Pero tu qué intentaste? . Hoy me marcho para no volver más, y lo que más me duele es dejarte a ti, y tener que llevarme conmigo el amor, me duele haberlo dado todo por alguien que no lo dió, me duele que me digas que digas lo mucho que me quieres, y luego ver lo poco que hiciste por demostrarlo. Sé que nunca te hubieras decidido a emprender conmigo el viaje que más de mil veces hice sola, tan sólo por verte. Sé que hoy tampoco será la exepción. En este preciso instante debo de estar abordando el avión, un avión que solo marca fecha de despegue, un avióm que como yo, vuela para no volver más. No te pido que me entiendas, ni que comprendas, tan sólo te pido que reflexiones, si yo hubiera hecho el mismo viaje por ti, el mismo viaje que hice más de mil veces. Adios.
Un ligero viento que me dió de lleno en la cara me cegó completamente, en ese leve instante no pude ver más que tu rostro sollozar, subiendo al avión con aquel gesto que significaba un adios definitivo. Como pasa a menudo, era muy tarde para explicaciones, muy tarde para decisiones, muy tarde para reflexionar, muy tarde para este amor, que como aquel avión se va.
Suena el tic tac ensordecedor e inoportuno, despertando cada alma de las aledañas habitaciones solitarias.
Hoy más que nunca te siento cerca, No sé cuanto tiempo ha pasado desde aquel día.
Dios, te extraño tanto, cada fin de semana he seguido esperando en aquel aeropuerto, con tu foto en una mano, tu carta en la otra, y tu recuerdo en el corazón, sin embargo, tu no volviste más.
domingo, 31 de agosto de 2008
Nuestros pasatiempos mas sublimes.
De no saber quien empezará hoy la primera oración
Nos adentramos en la densa neblina
De no saber a quién le tocará hoy tener la razón.
Simios sin orientación, casanovas sin conquistas…
Caninas calculadoras, maniáticas de la fidelidad
Simios promiscuos y fanáticos de las mentiras
Brujas expertas en el arte del drama y la maldad.
Así nos definimos entre tus gritos histéricos.
Defendiéndote de tan absurda conclusión.
Así nos definimos entre mis gestos coléricos
Defendiéndome de tan absurda agresión.
Alistas maletas, yo tiro puertas hasta el anochecer.
Llamas por teléfono a una amiga de esas que no aguanto
Cruzas la calle, y te vas en medio del amanecer.
Llamo por teléfono a una amiga de esas que no sirven de tanto.
No pasa ni un día y ya siento presente tu ausencia.
…Te veo en cada espacio vació, todo es sombra sin tu color.
No pasa ni un día y ya sientes ausente mi presencia.
…Estamos atrapados, sumergidos en este demencial amor.
Ambos nos adentramos en encontrar respuestas al conflicto.
A la pregunta que nunca tendrá solución
Ambos nos extrañamos como por instinto
Nos tarda pocas horas, cada día, comprender como actúa el corazón.
Nos cuesta tanto comprender lo in entendible
Lo Humanamente imperfectos que somos.
Nos cuesta aún mas comprender lo increíble.
De que este amor no este hecho trozos.
Tus maletas desempacas, un ritual que conocemos.
Nos sonreímos, un mágico momento
No hay silencio más hermoso, los dos sabemos.
No será infinito, no será eterno.
Quizás mañana suceda lo mismo, pero lucharemos.
El amor no es perfección, es una batalla constante.
Quizás mañana seremos silencio, y sonreiremos.
El amor no es más que la unión
De batallas, maletas y mudanzas, que finalizan en un perfecto silencio
… un bello y necesario instante.